La respuesta más fácil sería: porque no dan de comer, porque nunca se cumplen, porque hay que vivir con los pies en la tierra y muchas otras tonterías que alimentan al ogro de la desilusión. El ogro de la desilución tiene apariencia exterior humanoide, no, perdón, humana. Y la apariencia interior es humana también. Y es que el ogro de la desilusión somos nosotros, las personas. El principal motivo de que la desilusión se apropie del ilusionado es que venga otro individuo y en el tiempo que se tarda en decir...dejate de tonterías, tiré por tierra uno de los sentimientos más bonitos y fructuosos del cerebro humano: La ilusión.
La ilusión es el principio constructor de todo, si nos falta ilusión, nos falta el ingrediente esencial para dar pasos adelante, para superarnos, es la gasolina que da vida a nuestra capacidad creativa. Todos tenemos ilusiones, y todos tenemos la habilidad de desilusionar. Yo desde aquí pido a todo el que se considere ilusionado, a que comparta su ilusión conmigo, y con todos los que quieran compartir ilusiones, porque el primer objetivo de una ilusión, es ilusionar. Necesito escuchar, leer, escribir ilusiones, porque de ilusiones no se vive, pero ayuda a vivir.
¿Y si creasemos una red mundial de ilusiones en la que todos nos ayudasemos a cumplir nuestros sueños?
domingo, 22 de junio de 2008
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